| Dra. Verónica Rembis Sáinz

Herpes Genital Durante el Embarazo

El herpes genital es una infección de transmisión sexual causada por el virus del herpes simple (HSV), que suele manifestarse con pequeñas ampollas dolorosas en la zona íntima. Esta enfermedad es crónica y, aunque no tiene cura definitiva, se puede controlar con medicamentos antivirales. Durante el embarazo, el manejo del herpes genital adquiere una dimensión especial, pues existe el riesgo de transmisión al bebé en el momento del parto. A continuación te explico todo lo que necesitas saber para cuidar tu salud y la de tu bebé.

¿Cómo se transmite el herpes genital y cómo prevenirlo?

El HSV se contagia principalmente por contacto directo de piel con piel durante las relaciones sexuales, ya sea genital-genital, oral-genital o anal-genital. Para reducir el riesgo de contagio es fundamental utilizar preservativo en cada relación, incluso cuando no hay lesiones visibles, ya que el virus puede eliminarse de forma asintomática.

Si ya tienes un diagnóstico de herpes genital antes de quedar embarazada, habla con tu ginecólogo para diseñar un plan preventivo de cara al final de la gestación. En muchos casos, a partir de la semana 36 se inicia un tratamiento supresor con antivirales orales (aciclovir o valaciclovir) para minimizar la probabilidad de un brote cerca de la fecha del parto.

El herpes genital no se cura, pero sí se controla

Una vez infectada, la persona porta el virus de por vida. Los antivirales no eliminan al HSV, pero disminuyen la duración e intensidad de los brotes y reducen la “eliminación viral” asintomática. Esto es clave en el embarazo para evitar lesiones activas en el momento del parto.

Si has pasado por un episodio de herpes genital en cualquier momento de tu vida, debes considerar la posibilidad de nuevos brotes durante la gestación. Por eso se recomienda la profilaxis supresora en el tercer trimestre y el control estrecho de cualquier síntoma.

Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo

Cuando en la consulta prenatal señalas antecedentes de herpes genital, el obstetra deberá:

  • Confirmar tu estado inmunológico mediante serología para anticuerpos IgG de HSV-1 y HSV-2.
  • Preguntar por la frecuencia y severidad de tus brotes previos.
  • Programar un seguimiento mensual o quincenal, especialmente en el tercer trimestre, para detectar signos de reactivación.

Si durante el embarazo presentas nuevas lesiones vesiculares o dolor genital, el diagnóstico se confirma mediante PCR o cultivo de la lesión. El tratamiento temprano acorta el episodio y reduce el riesgo de contagio al bebé.

Manejo del final de la gestación y el parto

El momento del parto es crítico. Si no hay brotes activos ni síntomas compatibles en las cuatro semanas previas al parto, el parto vaginal es seguro. Gracias a la profilaxis antiviral y a la ausencia de lesiones, la probabilidad de transmisión neonatal cae a menos del 3%.

Si, a pesar de la profilaxis, aparece un brote en los días cercanos al parto o si en el examen físico se observan lesiones activas, se recomienda realizar una cesárea para evitar el contacto directo del bebé con las secreciones infectadas. La cesárea, realizada idealmente antes de la rotura de membranas, protege al recién nacido de la infección neonatal.


Riesgos y consecuencias de la infección neonatal

El virus herpes neonatal puede manifestarse en la primera semana de vida con lesiones de piel, ojos y boca. En casos más graves, puede diseminarse y causar infección en el sistema nervioso central, pulmones o hígado, con riesgo de sepsis y daño neurológico. El tratamiento en el recién nacido consiste en aciclovir intravenoso de alta dosis durante al menos 14–21 días, dependiendo de la forma clínica.

La detección y el tratamiento tempranos en el neonato mejoran el pronóstico. Por ello, si tu bebé nace tras un brote activo, deberá monitorizarse en unidad de neonatología y recibir profilaxis o tratamiento antivírico según las guías pediátricas.

Convivir con herpes genital en el embarazo

Vivir con una ITS crónica puede generar ansiedad y miedo, pero un plan bien estructurado con tu médico te brinda seguridad. Recuerda:

  • Mantener la adherencia al antiviral supresor.
  • Evitar las relaciones sexuales sin protección durante el último mes de gestación si aparecieran lesiones.
  • Comunicar cualquier síntoma de inmediato al equipo obstétrico.
  • Preparar tu plan de parto anticipando vía vaginal o cesárea según la situación clínica.

De esta manera, la mayoría de las mujeres con herpes genital gestan y dan a luz a niños sanos, sin complicaciones. La combinación de profilaxis antiviral, control prenatal estricto y toma de decisiones oportunas asegura los mejores resultados para ti y tu bebé.

El herpes genital durante el embarazo requiere un enfoque proactivo: prevención mediante preservativos, profilaxis supresora con antivirales en el tercer trimestre y una estrategia de parto basada en la presencia o ausencia de lesiones. Comunícate con tu ginecólogo, sigue las indicaciones del tratamiento y planifica el parto con antelación. Así, protegerás la salud de tu bebé y reducirás al máximo el riesgo de transmisión neonatal.

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